Cuando los días se convierten en una montaña rusa, llega el fin de ese viaje y todo tu cuerpo siente el estrés del vértigo y los giros bruscos de ese recorrido. Mi remedio es volver a la naturaleza y sentirla en un amanecer, donde la tierra encierra la humedad de la noche y la vida despierta con el crotoreo de las cigüeñas que me acompañan en mi caminar







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